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Probablemente sea el lugar más citado y visualizado del occidente astur. Fue nombrado como uno de los diez cementerios más bonitos de España y motivos no le faltan ya que, a pesar de ser un enclave cubierto de tristeza y recuerdos, es el sitio desde donde se pueden tomar las mejores instantáneas, y en el cual se puede contemplar a la perfección Luarca, sus playas y el horizonte cantábrico.

Está dispuesto en dos niveles y se puede acceder a él desde la carretera del Faro o desde el acceso a la Capilla de la Atalaya. Al igual que a ésta última, al cementerio también se puede llegar a pie o en coche. Su construcción se remonta a principios del siglo XIX.

El personaje más ilustre que allí descansa es el Premio Nobel Severo Ochoa de Albornoz.

Su patrimonio arquitectónico es también muy interesante ya que hay otras construcciones dignas de señalar como por ejemplo el Panteón de Evaristo Casariego, reputado escritor y periodista; la capilla funeraria de Ramón García, conocido indiano afincado en Argentina, fue realizada por el arquitecto Julio Galán Carvajal en piedra y mármol; el monumental panteón de la Familia Trelles, donde se encuentra enterrado D. Vicente Trelles, fundador de la Banca Trelles en 1895 y creador junto con otros emprendedores de la empresa de automóviles ALSA en 1916; el Panteón de Francisco López-Alodia Pastur fue edificado a doble altura y, finalmente, el Panteón modernista de Marcial Cernuda Álvarez, el cual fue encargado al escultor Joaquín Rubio Camín.

Además, está enterrada la reconocida escritora y poetisa Nené Losada Rico.

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